Educación en sociedad

     Eloy Moreno es un escritor castellonense que se dio a conocer por su primer trabajo, El bolígrafo de gel verde, publicado en 2011, en el que ahonda sobre los debates internos de un personaje principal (que podría ser cualquiera de nosotros) describiendo sentimientos que a primera vista parecen indescriptibles como el amor, la rabia, la felicidad, la traición, la tranquilidad, etc. y transmitiendo al lector con cada una de sus palabras una empatía que nos hace vivir la situación de este personaje de una forma tan real que, desde mi punto de vista, se podría decir que da miedo.
     Aparte de esta novela, Eloy tiene otros libros que siguen la línea de este primero: Lo que escondí bajo el sofá, que narra una profunda historia ubicada en las calles de la magnífica ciudad de Toledo. Cuentos para entender el mundo contiene una sucesión de diversos cuentos que todo el mundo debería leer para entender un poco más la vida. En esta primera entrada me voy a centrar en el trabajo más reciente de este autor, El Regalo, que nos muestra que es posible ser feliz haciendo lo que realmente te gusta.
     En estas primeras sesiones de clase se nos ha hablado de la educación y la comunicación de manera introductoria a la materia. Hemos comprobado cómo a todos nosotros nos han educado de una manera homogénea, tratándonos por igual y sin tener en cuenta lo que sentíamos o lo que nos motivaba. A su vez hemos reflexionado sobre aquellos profesores que nos han enseñado algo más que Matemáticas, Lengua y Literatura o Inglés… ¿por qué? Porque estos profesores a los que también podemos considerar personas nos han enseñado el contenido de sus asignaturas no solo desde un punto de vista racional, sino desde otro del que la mayoría de los docentes que se cruzan en nuestras vidas suelen rehuir: el punto de vista emocional.
     Sin darnos cuenta y desde que somos pequeños somos educados para “ser máquinas” y crear más “máquinas” que aparentemente no sientan pero esto es imposible porque siempre vamos a estar guiados, no solo por nuestros impulsos, sino también por nuestros deseos. Desde pequeños se nos hacen pruebas para ver lo inteligentes que somos. Una de estas pruebas es el famoso Test de Coeficiente Intelectual, que aborda distintos aspectos dentro de la misma: uno relativo a la lógica matemática, otro en el que se hace hincapié en la lengua y, a veces, uno de orientación espacial. Todo esto lo conocemos muy bien ya que alguna vez nos hemos enfrentado a este tipo de test pero… ¿sus resultados son 100% fiables? Hay muchas teorías sobre esto pero, desde luego, mi respuesta es no. Para corroborar esta respuesta me baso en la teoría del investigador Howard Gardner. Esta teoría lleva el nombre de Teoría de las Inteligencias Múltiples y dice que “la inteligencia no es un conjunto unitario que agrupe diferentes capacidades específicas, sino una red de conjuntos autónomos, relacionados entre sí.” (Gardner 1983, Teoría de las Inteligencias Múltiples). De esta manera cada talento que tenemos, por ejemplo, la música o la capacidad de empatizar con los demás, puede ser considerado como inteligencia.


     Creo que estas inteligencias, conjuntamente con lo que deseamos ser, marcan nuestros comportamientos aunque muchas veces produzcan rechazo. Aquí es donde entra en juego mi comparación con la novela El Regalo, de Eloy Moreno. ¿Para qué somos educados? ¿Somos educados para vivir de algo que no nos gusta y esperar a hacer lo que nos gusta cuando nos jubilemos, sin poder dedicar tiempo en nuestra vida a las personas que realmente nos importan? O, ¿somos educados para vivir de nuestros sueños y ser felices? Si nos paramos a pensar en estas cuestiones, creo que todos estaríamos de acuerdo en que la primera opción sería la más válida: somos educados para vivir de algo que no nos gusta y esperar a hacer lo que nos gusta en el momento de nuestra jubilación, cuando ya no tenemos tiempo casi ni para vivir.

     En La Isla, el lugar donde se desarrolla la trama de la novela, los niños, en la escuela, aprenden cosas básicas que les van a resultar de gran utilidad en su vida futura y, además, sus asignaturas no tienen nada que ver con las que estudiamos nosotros en el colegio. Varias de estas asignaturas son Primeros auxilios, Nutrición y Contabilidad. A su vez, ellos tienen la imagen de sus padres, que son felices dedicándose a lo que realmente quieren dedicarse y creo que no hay nada más motivador que ver cómo los padres son capaces de transmitir estos valores, que son tan importantes, a sus hijos.   

Comentarios

  1. Felicito a Paula no sólo por su motivación y su tenacidad sino también porque estoy convencido de que va a ser una excelente escritora.

    Es muy importante que la persona que quiere dedicarse al oficio de escribir lo haga con perseverancia, sin esperar a que sus ideas se enfríen. Paola es de esas personas que tienen las ideas claras y que saben que la única competencia imprescindible es la que cada cual establece consigo mismo.

    Es un orgullo tener a Paola como alumna. Un profesor debe mostrarse disponible para que cualquier estudiante acuda a él en busca de la ayuda que precise. Paola lo hace y agradezco su confianza y la generosidad que ello comporta. Además Paola tiene la suficiente personalidad como para discernir si una sugerencia respeta el significado y sentido profundo de lo que ha querido expresar en cada momento o vulnera en parte es espíritu de lo que ha querido expresar. Considero que un profesor siempre debe proponer modificaciones pero siempre debe dejar acertar o equivocarse al estudiante que busca su consejo. No hay educación que no deje la responsabilidad última al estudiante.

    Paola no tiene miedo a equivocarse y esto es también un estímulo para cualquier profesor que se sienta convencido de que es necesario valorar siempre positivamente la capacidad de riesgo que son capaces de asumir sus estudiantes. Gracias, Paola.

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