Porque, a veces, equivocarse es el camino.
Hoy en clase hemos tenido la
oportunidad de ver una entrevista realizada por Agustín García Matilla, nuestro
profesor de la asignatura Comunicación, Educación y Sociedad en el Contexto
Digital, a Gonzalo Vivián, dibujante, ilustrado, arquitecto y destacado docente
en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) y en la Universidad Blas
Pascal, en Madrid. Aquí facilito el enlace del vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=hbOBcfx_1OQ
.
En esta entrevista Gonzalo Vivián
desarrolla diversas ideas sobre la creatividad y el sistema educativo. Aunque
todas estas ideas son realmente interesantes, en esta entrada voy a centrarme
en una en concreto: la vocación de las personas.
Según Gonzalo Vivián, “la vocación
surge con el trabajo”. Si una persona tiene un don, no vale solo con ese don
para que lo que desee hacer le vaya a salir bien siempre. Para hacer lo que
deseamos en primer lugar debemos tener fe en eso que estemos haciendo y, una
vez tengamos esa fe, lo que tenemos que hacer es ponernos manos a la obra y
trabajar todo lo que nos sea posible para conseguir eso que tanto ansiamos.
Ese proceso puede que sea corto o
más largo de lo que pensamos pero siempre que recorremos un camino a lo largo
de nuestras vidas, acertamos o nos equivocamos. Habitualmente, tendemos a
pensar que el error es lo peor que nos puede pasar pero este puede suponer
“coger otro camino que puede darnos experiencias maravillosas”. La mayoría de
las veces, equivocarnos nos supone unas enseñanzas que otras cosas no nos
pueden aportar. Sin embargo, otras veces, el error nos proporciona descubrir
cosas de nosotros mismos que no conocíamos o nos lleva a darnos cuenta de que
lo que pensábamos que había sido un error realmente ha sido un acierto.
En la vida, cada uno está formado
para hacer diferentes cosas. Porque tu vecino tenga unas dotes determinadas, no
quiere decir que tú las tengas que tener también. Eso es lo que nos hace
diferentes y, a su vez, hace que respondamos a diferentes intereses y
actividades. Pero no tiene nada de malo. Cada uno puede brillar en su campo con
ganas y humildad porque… claro está, no hace falta brillar constantemente para
ser bueno en algo y destacar en ello.

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