Lejanía
No pudo evitar echar la vista atrás cuando escuchó aquella canción de los años 80. Sonrió y se adentró, casi sin querer, en el mundo de los recuerdos: ese mundo que él consideraba tan fascinante.
Cerró sus ojos y, de un momento a otro, se vio tomando el sol en la playa. ¡Qué bien cuando aquella increíble chica paró en frente de su hamaca para preguntarle la hora!
El recuerdo se esfumó tan rápido como los veranos y, de pronto, se encontró bajo la tormenta, en algún lugar recóndito de Madrid. La mano de una mujer anciana se posó con suavidad en su hombro y lo que antes parecían carreteras infinitas, ahora se había convertido en un camino con principio y final.
Su mente voló de nuevo, aunque quizá no a un lugar tan lejano como su infancia: algo casi tan pequeño como la palma de su mano le agarró el pulgar. ¡Qué electricidad cuando vino al mundo su pequeña gran revolución!
Pasaron los días e incluso los años, y ese ridículo ascenso, que al principio parecía tan maravilloso, le arrebató todo lo que tenía. Creía haberse vuelto loco, mientras que cada vez se sentía más perdido en sus pensamientos que en su propia vida. El mundo carecía de sentido a cada minuto que pasaba y, por ello, tomó la decisión de poner punto y final a su amarga existencia.
Solo cuando se halló ante la inmensidad, una mano anciana se posó con suavidad en su hombro. Fue ese el momento en el que volvió a notar el viento de cara, creyendo en las segundas oportunidades y sintiéndose más vivo que nunca.
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Resopló y se ausentó de sus recuerdos por un instante, pensando en los errores que no había cometido... por ahora.
Precioso, Paola. Espero que sigas escribiendo así de bien para inspirar el alma de muchas personas.
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Rodrigo! Un abrazo
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