Olvido
Acurrucado en el sillón, las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Ya nada volvería a ser como antes: no sabía qué le estaba ocurriendo. Solo sabía que no se encontraba a sí mismo.
Muy lejos de aquel momento, en sus pensamientos, recordaba su infancia, jugando con su primo en aquel mismo sofá. No pudo evitar sonreír cuando recordó a su madre y a su tía regañándolos al unísono.
De pronto, la adolescencia irrumpió en su memoria y cayó sobre él como un jarro de agua fría. Solía revivir aquella etapa como la peor de su vida: trabajaba día y noche, sustituyendo a su padre enfermo. No tenía tiempo para nada, y menos para él. Todo cambió cuando la conoció a ella. A la persona que trastocaría su vida; la mujer que siempre estaría junto a él. Guardaba una gran cantidad de momentos que vivieron los dos juntos. Momentos que, con el paso del tiempo, se habían difuminado, dando paso al olvido.
Se tapó la cara y las lágrimas se convirtieron en gotas de lluvia que caían directas al mar de sus manos. De repente, una dulce voz lo llamó desde la cocina. Era hora de cenar. Cogió su bastón y, sin darse cuenta, se olvidó de todo para siempre.
Es triste que la vida a veces no deje llevarse los recuerdos con uno para siempre.
ResponderEliminarVer a una persona a que quieres marcharse poco a poco es una etapa complicada.
Después, los que quedan alrededor... se hacen un poco más fuertes.