Diciembre
Ya es de noche. Desde luego, no pensaban que la semana se les iba a pasar tan rápido.
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Ella, que pensaba que la magia solo existía en los cuentos y películas, cada dos semanas se topa con una mirada que le hace volar.
Ella, que no creía en los finales felices, está haciendo lo imposible por que el suyo lo sea.
Ella, una persona rebosante de alegría, se viene abajo con cada despedida.
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Después de pasar la noche acurrucados el uno junto al otro se dan cuenta de que es tarde. Ella lo lleva a casa y el trayecto se hace más largo que de costumbre. Completo silencio.
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Él, que parece que tiene el corazón de piedra, se le rompe en mil pedazos cada vez que la ve llorar.
Él, que no creía en un amor a distancia, hace lo imposible cada día para que ella no sufra a causa de esta.
Él, una persona de pocas palabras, dice las más importantes en cada despedida.
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Llegan a su casa. Ella siente un nudo en el pecho y rompe a llorar. Ambos se besan; se funden en un abrazo. La semana ha sido realmente especial. Aunque parezca imposible, se quieren aún más que antes. Se sienten unidos a pesar de las adversidades. Él sale del coche, le da un último beso y se dirige hacia el portal de su casa.
Llorando, ella se marcha a casa. No sabe si se siente triste porque odia las despedidas o feliz por todo el amor que recibe.
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Ellos, que disfrutan de cada momento que tienen para estar juntos, cuentan los días para volver a verse.
Ellos, que no creen que su amor tenga un final, están empezando a construir un futuro en el que podrán decir que todo ha salido bien.
Ellos, que son una pareja de lo más peculiar, se hacen más fuertes tras cada despedida.
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A la mañana siguiente, ella se despierta triste. Hablan. Suena el timbre. Una última despedida antes de marcharse otra vez.
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