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Mostrando entradas de octubre, 2016

Octubre

Por fin. Después de toda una vida sin darse cuenta descubrió, al fin, que estaba rodeada de gente que la quería y ahora no quería dejar de sentir. Se sentía arte. Se sentía arte porque, simplemente, hacía sentir algo. Además, se sentía arte porque, al dibujar una sonrisa, parecía arreglar mundos. Pero, sobre todo, se sentía arte porque, aunque no fuese La noche estrellada de Van Gogh, en sus ojos parecía albergar un universo. Se sentía música; pero no música de discoteca, sino la música más pura que existe. Se sentía música porque tan solo con su tacto creaba grandiosas melodías; porque bailando, aunque no supiese, podía dibujar fantásticas armonías con sus pies. Se sentía agua. Se sentía agua porque sus lágrimas creaban pequeños ríos en su tez o, quién sabe, quizá porque tenía la capacidad para congelarse o evaporarse según las circunstancias dadas. Se sentía electricidad; esa electricidad que hace saltar chispas desde la distancia. Se sentía magia. Se sentía magia porque c...